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¿En que piensas cuando escuchas ‘California’? ¿Las playas soleadas de Malibú? ¿El glamour de Hollywood? ¿O la alta tecnología de Silicon Valley? Mi experiencia de California fue un poco distinta. Pasé tres días en Woodland, Distrito de Yolo, un pueblo con mayoría de hispanos de alrededor de 60.000 personas en el noroeste de Sacramento. Como la auto-proclamada capital ‘de la granja al plato’ del mundo, la zona de Sacramento está orgullosa de sus alimentos. Sólo en Woodland existen 125 empresas relacionadas con los alimentos o la agricultura. ¿Pero cuánta gente considera cómo esa comida llegó de hecho a su plato?

El Distrito de Yolo es el hogar de más de 6.000 familias de trabajadores agrícolas, e increíblemente cerca de un tercio de todos los trabajadores agrícolas en los EEUU están en el estado de California. El clima permite el crecimiento de la mayoría de los cultivos, requiriendo mano de obra barata – en su mayoría provista, hoy en día, por inmigrantes de primera o segunda generación de México y otras partes de América Central. Las personas que conocí en Woodland me mostraron cuán explotados e invisibles son estos trabajadores.

Tradicionalmente, los centros de migrantes financiados por el gobierno han alojado a familias agrícolas durante seis meses al año – la principal estación de cosecha. ¿Pero qué pasa durante los otros seis meses? A menudo, ellos tienen que mudarse al menos a 50 millas de distancia para calificar y poder volver al año siguiente. Esta migración forzada significa que las familias no tienen estabilidad y son forzadas a sacar a sus hijos de la escuela. Los centros de migrantes están ubicados afuera de la ciudad sin instalaciones de salud, comercios o transporte público. La gente trabaja entre diez y doce horas por día, seis días a la semana. Necesitan un auto para ir a comprar provisiones o ir a ver a un médico. A veces esto significa perder un día de pago para hacerlo. Sin internet o acceso al teléfono, los niños que ya están atrasados en su educación no pueden completar sus tareas escolares. Los padres no pueden comunicarse con los maestros ni buscar trabajo.

Y eso es antes de que consideremos aquellos que están forzados a alquilar de forma privada. En una zona adonde una casa promedio cuesta un mínimo de 400.000 USD, quienes tienen los ingresos más bajos viven en pésimas condiciones. Algunos tienen tres generaciones viviendo juntas en una caravana, o muchas familias en una habitación de motel, o duermen en un tipo de contenedor de depósito o en un auto. Está lleno de hongos, cucarachas, y enfermedades. Las mismas familias que cosechan y ponen los alimentos en las góndolas de los supermercados no pueden acceder ellos mismos a comer frutas y vegetales frescos. No es sorprendente que la gente sufra de mala salud física y mental.

También fue increíble escuchar que las leyes normales de empleo no se aplican con los trabajadores de las granjas. Esto en la práctica significa que niños de 12 años pueden -y de hecho lo hacen- trabajar en los campos. El trabajo es peligroso y físicamente demandante. Implica largos días afuera en el calor, acceso mínimo a los baños y exposición a pesticidas. Esto es aún más angustiante cuando se consideran los efectos en los niños.

Varias personas que conocí me dijeron que siempre ha habido una crisis de vivienda en California, y que los trabajadores agrícolas han sido ignorados. De hecho, no sólo ignorados, sino también discriminados y deliberadamente empujados hacia afuera de la sociedad. Muchas personas que viven en Davis, un pueblo universitario vecino a Woodland, ni siquiera saben que allí existen centros de migrantes. En el famoso Mercado de Granjeros de Davis hay muy pocos trabajadores reales de granjas a la vista.

Pero aquí es donde aparece Vivienda Mutua California. Este proveedor de vivienda sin fines de lucro trabaja sin descanso en todo el estado para brindar opciones de vivienda a quienes más las necesitan. En 2015, ellos abrieron Vivienda Mutua en Spring Lake – la primera vivienda permanente de todo el año para trabajadores agrícolas del país. Los altos costos de las facturas de servicios eran identificados por los trabajadores como una preocupación central, y por ello el sitio de Spring Lake fue diseñado para resolver este problema. Es el primer desarrollo de vivienda de alquiler certificado como 100% Cero Energía Neta en los EEUU, lo cual significa que utiliza alrededor de la misma cantidad de energía que produce. El resultado para los residentes es facturas de electricidad extremadamente bajas. Se apoya a las familias para aprender sobre las características ecológicas de sus hogares, lo cual ha llevado a que muchos reduzcan su consumo de manera tan significativa que no pagan absolutamente nada. El alquiler está fijado en un 30% del ingreso familiar, para mantenerse permanentemente asequible incluso fuera de temporada, cuando los trabajadores agrícolas están desempleados. El sitio está en el pueblo de Woodland, junto a esas costosas casas a la venta a valor de mercado. Los niños pueden caminar a la escuela local, asistir durante todo el año y hacer amigos con otros niños de la comunidad más amplia. Ya no son invisibles.

El trabajo de Vivienda Mutua va mucho más allá de los edificios en los que vive la gente. Hay oportunidades de capacitación y aprendizaje para todos los residentes, desde alfabetización digital hasta educación financiera y desarrollo de liderazgo. Para personas que han pasado toda su vida en terribles condiciones de vivienda pero con demasiado miedo de hablar por temor al desalojo, esta es la primera vez que han sido alentados a tener una voz. Esta voz trae mayor confianza. Y con esta confianza, se apoya a los residentes a demandar sus derechos, a la vivienda, a la seguridad y a la educación.

En un momento en el cual la retórica y la acción anti-inmigratoria están en aumento, es más importante que nunca celebrar Vivienda Mutua en Spring Lake como ganador de los Premios Mundiales del Hábitat. En la mayor economía del mundo, todos los trabajadores agrícolas son esenciales para traer alimentos a la mesa. Quiero creer que todos ellos tienen el derecho a irse a casa cada la noche en comunidad que es saludable, inclusiva y segura.


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