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Las tres semanas desde el incendio de la Torre Grenfell me aseguraron que este es el momento más significativo para la Vivienda Social del Reino Unido en mi vida laboral. Nunca nada antes había resultado en preguntas tan escrutadoras; nunca nada antes había demandado un repensar total sobre cómo este país trata a sus ciudadanos más pobres. La tapa de esta semana de la Revista Inside Housing proclama sin rodeos dos palabras “Nunca Más” sobre un fondo de la cubierta ennegrecida del edificio que se ha estampado en todas nuestras mentes. Por supuesto necesitamos reescribir las regulaciones de construcción, y organizar mejor la respuesta de emergencia, pero asegurarnos de que esas dos palabras sean ciertas y no solamente una esperanza significará cambiar mucho más.

Como muchos otros, tengo mi propio sentido de culpa. He trabajado en vivienda por más de 25 años. Diez de ellos fueron en secciones de Vivienda en distritos de Londres que limitan con Kensington y Chelsea. Estoy orgulloso de mucho de lo que hice allí; de algunas cosas no. Trabajé en los días finales del régimen conservador de Shirley Porter en Westminster y para varios concejos de distrito controlados por el partido Laborista. Todos ellos con distintos grados de utilización sutil de los inquilinos de vivienda social como carnaza electoral, moviéndolos de un lado a otros bajo varias excusas para ayudar a sus perspectivas electorales. Todos ellos fracasaron en realizar un inversión adecuada en inquilinos de vivienda social para asegurar que sean ciudadanos iguales en la sociedad. A través de los años he desafiado algunas políticas, pero también me he resignado y he seguido adelante con otras.

Como mucha gente de mi generación me he beneficiado de un loco sistema de propiedad de vivienda que ha hecho que nuestro hogar familiar aumente su valor casi diez veces. A través de ningún mérito o esfuerzo particular de mi parte tengo una enorme e injusta ventaja en el mercado de vivienda sobre personas que no están en el mercado o que se sumaron a este después de mí. Esto no es solamente una angustia de clase media. Es importante, porque significa que las personas como yo que trabajan en vivienda, independientemente de lo que queramos pensar, no somos tan parte de la solución como nos gustaría ser. No hemos desafiado efectivamente al sistema que ha sembrado las injusticias que ahora están al descubierto.

Las décadas de denigración de la vivienda social por parte de algunos políticos y algunas personas en los medios han tenido un serio impacto. El público ha sido instruido y ha comenzado a creer que la vivienda social esta allí sólo para quienes no pueden ayudarse a sí mismos; hogares para aprovechadores, para los débiles y los inútiles. La Ley de Vivienda y Planeamiento del año pasado confirmó este pensamiento convirtiéndolo en legislación. Se incorporaron los alquileres obligatorios de plazo definido, redefiniendo a la vivienda social como una ‘red de seguridad’ que debe ser solamente utilizada por personas con necesidad extrema.

Durante décadas, la vivienda social ha sido privada de inversión. Aparte de un breve periodo al comienzo de este siglo (el Programa de Hogares Decorosos), la Vivienda Social ha tenido que amortizarse a través de sus propios ingresos de alquiler. El alquiler de la vivienda social ha sido gestionado a nivel nacional bajo un sistema denominado la Cuenta de Ingresos de Vivienda (CIV). Esta cuenta reúne todos los alquileres recaudados a nivel local y redistribuye este ingreso devolviéndolo nuevamente a las autoridades locales para financiar la gestión, mantenimiento e importantes mejoras en el parque de vivienda. No existe actualmente ningún subsidio adicional agregado por los concejos o el gobierno, de hecho ambos la han saqueado sistemáticamente para financiar otras prioridades. Se incorporaron reglas del gobierno, las cuales primero congelaron y luego recortaron los alquileres de vivienda social, lo cual significó que el ingreso del CIV se redujo. Algunos concejos han deliberadamente gastado menos de lo previsto de la cuenta, creando enormes excedentes. En Kensington y Chelsea el presupuesto no utilizado solamente en el año pasado fue de 15 millones de libras esterlinas.

Los subsidios del gobierno se han destinado a otras partes, alentando a las asociaciones de vivienda a concentrarse en otros tipos de vivienda que no sea vivienda social. Algunos decidieron, meritoriamente, continuar de cualquier manera, otros están saliendo del negocio de la vivienda social de manera entusiasmada y lo más rápido posible; ofreciendo en su lugar la propiedad compartida, el alquiler asequible (un término eufemístico que significa alquiler de mercado con un descuento marginal) e incluyendo un sistema de derecho a comprar, permitiendo a los inquilinos de vivienda social comprar sus apartamentos con descuento, sacándolos del sector de vivienda social. Un programa del gobierno que busca reemplazar las pérdidas del derecho a comprar con nueva vivienda social ha demostrado ser altamente ineficaz.

El sector de vivienda del Reino Unido, del cual formo parte, ha elegido de manera colectiva desafiar muy poco de todo esto; en lugar de eso ha enfocado la energía de sus campañas en pelear para que se construyan más hogares. No más hogares sociales, ni siquiera hogares asequibles, sino sólo pelear por un aumento en la tasa general de construcción anual. Mientras que este llamado ha sido mayormente aceptado por el gobierno y por la industria de construcción de vivienda, no se puede decir que haya tenido mucho éxito. Sin embargo, ha brindado una útil cobertura política para que el gobierno y los concejos reduzcan sus demandas para la provisión de vivienda social en nuevos desarrollos de vivienda. Y en Londres y algunas otras ciudades británicas, ha permitido a los desarrolladores construir desarrollos de apartamentos mega costosos, dirigidos a inversores extranjeros sin tener que ni siquiera pensar en las consecuencias en la asequibilidad.

Cada año se hace cada vez más evidente que el mercado no puede brindar vivienda segura para todos. Durante los últimos diez años, el costo promedio de una casa en Inglaterra y Gales aumentó en un 259%, durante el mismo período el poder adquisitivo promedio aumentó un 68%. Los enormes aumentos en los precios de vivienda y de los alquileres de mercado significan que muchas de las personas en el Reino Unido que tienen ingresos promedios no pueden acceder a un hogar decoroso. Existe un consenso general de que para ser asequible, los costos de vivienda no deben ser mayores a tres veces el ingreso de la gente. En Kensington y Chelsea son de 38.5 veces los ingresos promedio.

Las consecuencias son un sector de vivienda social que se ha estancado, disminuido, y no ha sido capaz de satisfacer las necesidades de aquellos a los que se supone se dirige; y un sector de propiedad de vivienda que ha dejado afuera a todos excepto a aquellos con los ingresos más altos y aquellos con riqueza heredada. La creciente grieta entre ellos ha sido tapada con una mezcla de programas de propiedad parcial y alquiler privado, lo cual en su peor expresión aprieta a la gente en casas abarrotadas con ocupación múltiple, y aumenta el creciente número de gente que se encuentra sin hogar. Es necesaria la acción para cambiar esto en muchos frentes, pero para mí dos principales se destacan como fundamentales.

Inversión apropiada en vivienda social. Los problemas no pueden ser resueltos dejando que la vivienda se amortice. El país debe comprometerse a una inversión significativa para mejorar y expandir la vivienda social. La vivienda social es infraestructura nacional, tal como lo es el transporte, la energía y el agua. Debemos tratarla como tal. Alcanzar un estándar aceptable le costará al país dinero, pero para mí eso es parte del precio de vivir en una sociedad civilizada.

La disparidad de riqueza en la vivienda debe resolverse. Esto no será una tarea fácil y reconozco que causar una caída en los precios de vivienda tendría perjudiciales consecuencias económicas y sociales. Eso debe evitarse. Pero la política nacional que siempre busca mantener los precios de vivienda necesita ser repensada. En cambio, la meta debería ser retrasar el aumento de los precios (a través de impuestos u otros medios) hasta que llegue debajo del crecimiento de los ingresos, hasta el momento en que la grieta en la asequibilidad se cierre.

Hay muchas otras ideas siendo expresadas por otras personas. El rol de la World Habitat es alentar y desarrollar un nuevo pensamiento en vivienda. Aplaudo el debate, pero la respuesta a este desastre necesita ser grande y atrevida. Hacer menos que eso significa que no habremos aprendido nada, y la horrible imagen de la cubierta quemada de la Torre Grenfell volverá a perseguirnos nuevamente.


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